Puesto que no hay dos personas iguales, lo personal es sinónimo de «fuera de lo común», por lo que las personas están siempre en conflicto con la sociedad, sus reglas, sus instituciones y su «sentido común». El sentido común supone un ataque constante al libre albedrío al que tiende la personalidad, gracias al cual establece sus juicios críticos y su comportamiento social. Por tanto lo social, o el socialismo, significa comportarse con personalidad propia, pero dentro de los límites impuestos por la sociedad; en tanto que el comunismo significa comportarse de acuerdo a un riguroso sentido común y, siempre que sea tolerable, permitir las expresiones limitadas de su personalidad. Por su parte los liberales, o libertarios, que se oponen radicalmente a lo social; es decir, al socialismo, pretenden que el comportamiento personal debe regirse únicamente por el ejercicio de la libertad por sí misma, sin las limitaciones impuestas por la sociedad, por lo que están rechazando la misma sociedad para caer en el gregarismo, en que cada cual se comporta de acuerdo a su interés personal con absoluta libertad y libre albedrío. Sin duda que este comportamiento no es social, pero tampoco es político, sino natural y salvaje, y según sentenció Aristóteles, «el hombre es un animal político»; y podemos añadir que si no es político y social simplemente no es humano. Lo que determina la adhesión fraternal de un grupo de seres humanos no son las leyes sociales ni las costumbres, sino el comportamiento ético y moral de cada persona en particular, independiente de si forma o no parte de una sociedad o una comunidad. Pero estos valores no son leyes ni normas fijas e inmutables, sino fruto del sentido del bien y del mal de cada personalidad, y que dependen, por un lado de su emotividad y por otro de su conciencia. La emotividad no puede cambiarse, pues nace con nuestra naturaleza, pero si se pueden cambiar los valores éticos y morales de la conciencia.. Sin duda que una sociedad o comunidad necesita estar unida por más vínculos que los legales, de otro modo es imposible la solidaridad. Por tanto, son necesarios crear vínculos emotivos y conscientes. Los emotivos solo pueden ser fruto de la creatividad artística personal y los conscientes del entendimiento. Una forma de creatividad natural es la «creación» de una familia y el consiguiente «hogar», que es el núcleo fundamental de la sociedad, y que puede ser una fundamental fuente de emotividad y felicidad, e incita a la paz y la buena convivencia social. La otra es el arte, fruto de la imaginación, es decir, soñar con «un mundo más justo y más bello», y expresarlo en cualquier forma artística posible. También deberían servir a este mismo fin las doctrinas religiosas, pero lamentablemente están inspiradas en dogmas contrarios a la libertad personal y a la razón, por lo que pueden aceptarse, pero con la consiguiente reserva y siempre que no inciten al sectarismo o a cualquier otra forma de discriminación social. Los vínculos conscientes que pueden llevarnos al entendimiento y a la amistad deben desarrollarse a través de una información independiente y sin prejuicios, que facilite el conocimiento mutuo entre las personas. Pero también puede hacerse a través de la reflexión filosófica en torno a la condición humana, sus necesidades y sus afinidades, como modestamente intento hacer con este mismo trabajo. Progreso equitativo El progreso es una fuerza innovadora impulsada en la actualidad por la economía de mercado y el desarrollo bienes creados los revolución digital, por lo que en principio carece de sentido social. Los agentes principales de este modelo de progreso son las personas creativas, que proporcionan las ideas, y los que disponen del capital necesario para convertirlas en bienes de consumo para el mercado. Esta no es, ni ha sido nunca, una relación equitativa, sino que el inversor es quien impone las reglas del juego, de donde surge la figura tan denigrada históricamente del «capitalista», pero entre ambos existe una necesaria connivencia, pues se necesitan mutuamente. De esta manera hemos llegado a crear un modelo de progreso dominado por los intereses de los capitalistas, sean privados o asociados, y por la imaginación de los creadores, pero no artísticos, sino de bienes para el consumo. Pero si la economía social no puede prescindir de las inversiones ni de las ideas, tampoco se puede consentir que prevalezcan los valores del mercado o de la creatividad de ciertas personas, sino que deben prevalecer los valores sociales, pues a fin cuentas el capital y las ideas surgen de la propia sociedad. Por tanto es necesario dar un sentido social al progreso, y sin grandes desigualdades sociales, como sucede actualmente. Un nuevo paradigma Lo que marca la diferencia de una nueva era es siempre un mayor grado de libertad ciudadana que en la anterior. No ha habido ninguna revolución que no fuera por causa de alguna forma de tiranía, aunque lamentablemente en demasiadas ocasiones después del agitado proceso revolucionario se cayera en una nueva forma de dictadura. Esto nos lleva a preguntarnos qué es la libertad, y si realmente sabemos lo que significa y cómo se manifiesta en la convivencia. ¿Qué es la libertad? En lo fundamental, la libertad es la sinergia que produce la creatividad personal. En efecto, cada nueva creación necesita imperativamente un nuevo espacio de la realidad ya existente, de otra manera no sería una creación sino una reproducción. Ese nuevo espacio debe ser tolerado y asimilado por el contexto cultural y social donde se produce, o sería rechazado e incluso reprimido. Por tanto, toda nueva creación supone agregar algo nuevo y distinto a lo ya existente. De manera que a mayor creatividad social mayor libertad y variedad, y a menor creatividad menor libertad y más uniformidad. El ser humano es un «animal de costumbres», y por naturaleza es reacio a los cambios, en especial cuando se producen bruscamente y sin un proceso de mentalización previa; es decir, no por evolución sino por revolución. Pero la libertad, en tanto que es creativa tiende a desestabilizar lo establecido, y es inevitable que los poderes del Estado tiendan, a su vez, a negar en lo posible la libertad de los ciudadanos para mantener la estabilidad. Por tanto, la historia es el resultado de la lucha entre los intereses naturales de la política y los de la economía. Pero también se puede resumir como el enfrentamiento de la persona creativa y su Estado totalitario, pues el Estado considera a las personas como individuos comunes, miembros de una misma nación, sin tener en consideración sus diferencias personales. Por esta razón cada nueva era de progreso social significa ganar algún grado de mayor libertad personal, en perjuicio del Estado, hasta que llegue un día en que desaparezca y sea sustituido por un «sistema», que es el medio en que la naturaleza equilibra su extraordinaria variedad. La estabilidad del universo no se basa en la cohesión de un estado, sino de un sistema.