¿QUÉ ES LA REALIDAD? Jaime Despree /Berlín, 2023 INTRODUCCIÓN En este nuevo artículo insisto una vez más en mi empeño de encontrar una respuesta razonable a la pregunta “¿Qué es la realidad?”, pero no solo la realidad física y tangible, sino todos aquellos fenómenos y entidades, físicas y metafísicas, que forman parte de la realidad en su totalidad, desde la creación de nuestro universo (porque es muy probable que haya muchos, tal vez millones, de universos paralelos) hasta nuestros perplejos días de la eclosión de un nuevo y pre-revolucionario paradigma cultural creado por las redes sociales. Después de un largo proceso de reflexión, he llegado a la conclusión de que son tres las entidades que conforman la realidad: Dios, el alma y la naturaleza. Como es lógico debo empezar por encontrar un dios que forme parte de la realidad, por lo tanto, que exista. SOBRE DIOS La voz “Dios” pertenece al lenguaje de la teología, así como “espíritu” o “alma”, y se refieren exclusivamente al aspecto moral y ético de la realidad. En este lenguaje no hay lugar para razonamientos. ni experiencias, sino que sus dogmas proceden de revelaciones, apariciones o sueños. Personalmente le concedo más valor a estas revelaciones que a las conclusiones del razonamiento filosófico o la experimentación científica, porque están conectadas directamente con la inteligencia que pueda haber en el cosmos, pero necesitan una actualización de sus desfasadas metáforas. Por esta razón, pese a ser un breve ensayo de filosofía, es necesario utilizar los conceptos propios de la teología. Si estuviera escribiendo sobre ciencia en lugar de “espíritu” utilizaría el concepto “energía”, que es equivalente, y si fuese un razonamiento estrictamente filosófico, utilizaría el de “mente”. Por lo tanto, si en adelante utilizo voces como Dios, espíritu o alma, no es porque sea un ensayo de carácter religioso, sino de filosofía, que utiliza expresiones religiosas por una cuestión de método Por mi pasión por la filosofía, a pesar de no haber podido tener una graduación universitaria (no creo que la filosofía sea una cuestión de erudición, sino de una combinación de razón e intuición) me he propuesto buscar la respuesta, pero por el contexto de la razón, o lo que es lo mismo, buscar la verdad con la cabeza y no con el corazón. Comienzo por identificar una entidad supuestamente sobre natural, que se pueda concebir y con los atributos necesarios para poder ser Dios. Asumo que mis lectores conocen en lo esencial la teoría de la “Gran explosión” como la causa de la creación del universo, y tal vez se hayan preguntado qué había antes de que se produjera la Gran explosión, o dónde se encontraba y qué había fuera de los límites de la gran inflación. No sería razonable responder que no había nada, porque en la nada no puede haber algo, por lo tanto, asumo que debía de haber algo. Nuestro universo puede estar en el interior de otro universo imposible de detectar. Ese exo-universo puede ser el dios que estamos buscando y puede que sea una persona “a nuestra imagen y semejanza”. Esta hipótesis contiene todo lo que se espera de Dios como creador del universo, al igual que nosotros podemos ser creadores y dioses de nuestro mundo interior. SOBRE LA NATURALEZA Todo lo que surge de la Gran explosión es materia en formación y no hay indicios de que pueda contener algo que podemos llamar “espíritu” o “inteligencia”, por el contrario, solo hay materia que debe ser “informada” para que pueda formarse. Lo que esta materia necesita está en el sustrato donde ha aparecido, es decir, “Dios”. Pero esta información no define las formas de la materia, que será consecuencia de las circunstancias en las que se desarrolle, sino tan solo los principios sobre los que debe desarrollar su diversidad, que va desde la formación de las primeras células hasta el ser humano. De manera que pueden haber surgido diferentes clases de flores, pero dentro de los mismos principios o leyes naturales. Dicho de otro modo, su desarrollo será una combinación de la inteligencia de Dios y la evolución de la Naturaleza. Para mantener este principio, todas las cosas están penetradas por la “inteligencia de Dios”, es decir, sus “espíritu”. Así, todo está regido por la presencia de su espíritu, como una densa esencia que llena el universo, y está presente en todo su espacio y tiempo. SOBRE EL ALMA El efecto de las condiciones ambientales de la materia dará origen a la aparición de la vida. Esta nueva situación del espíritu de Dios (el Espíritu santo) será la causa del alma, (ánima, o lo que anima la vida), que toma del espíritu la información necesaria para la formación de la personalidad, es decir, una información de las leyes naturales y, al mismo tiempo, el espacio donde se causan los fenómenos para la formación de los pensamientos, la imaginación, los sueños y la conciencia, o lo que es lo mismo, una materia sutil imposible de detectar. Así debe ser como se conforma la dualidad cuerpo y alma en el instante de la germinación o la gestación de los seres vivos, y los humanos adquirimos un conocimiento trascendental, al que solo se puede acceder por medio de la intuición o de la revelación, o también posiblemente con los resultados de la investigación de la física cuántica. El alma interactúa con los seres vivos por medios diferentes según sea su estado de evolución: por medio de sensaciones con los vegetales; por las sensaciones las emociones y el instinto, con los animales y las sensaciones, las emociones, las impresiones y la conciencia, con los seres humanos, que constituyen los fundamentos de la inteligencia humana. EL ALMA NO PUEDE SER ETERNA La condición de lo eterno es que no haya tenido principio ni tenga fin. Si algo tiene un principio quiere decir que se mueve en el espacio y en el tiempo, y el tiempo está dentro de una duración, y la duración tiene necesariamente un fin. Cuando se produce la defunción nuestra alma empieza a morir, que es lo antagónico del nacimiento del cuerpo que empezar a vivir, pero en un sentido opuesto, hasta llegar nuevamente a la edad de cero años, con lo que termina nuestro largo viaje por la vida y la muerte, en cuerpo y alma. LO QUE PREVALECE Si decía que en la nada no puede haber algo, todo debe estar sostenido por algo. Los pensamientos, la imaginación, la conciencia y los sueños deben ser causados por vibraciones cuánticas, porque deben estar constituidos por la misma energía sutil del espíritu de Dios, pero que una vez desprendida de Él para convertirse en alma, perderá su eternidad. Solo puede morir lo que ha vivido, y la energía o el espíritu no están ni vivos ni muertos, sino activos, por lo tanto, todo lo que es consustancial a Dios, que no es orgánico debe prevalecer después del fallecimiento. Así, los pensamientos, la imaginación y la conciencia permanecerán activos, pero bloqueados por la muerte del cerebro, que para su activación requiere un acto de voluntad, que ya no puede darse. Pero no sucede lo mismo con los sueños, que no requieren ningún acto de voluntad, porque surgen precisamente cuando carecemos de voluntad, y nuestro cerebro está en reposo. Por tanto, lo que debe prevalecer son los sueños, pero sin la posibilidad de despertar. No en vano se ha expresado la muerte como “un sueño eterno”. Esta también debe ser la explicación de lo que ven, oyen y sienten las personas que han estado clínicamente muertos durante un breve tiempo, que están soñando. En el instante en que el alma se une al cuerpo se convierten en el cuerpo astral, o una copia exacta del cuerpo físico, pero de la misma energía sutil que la del espíritu de donde procede. LAS PERCEPCIONES DE LA REALIDAD En la formación del ser humano influyen estas tres entidades: la naturaleza, de la que nos apercibimos por las sensaciones de sus sustancias; del alma, que se manifiesta por las emociones que nos provocan las imágenes de los objeto, o que crea la imaginación, como son las artes en general, y las impresiones, que nos informan de la forma de ser de las cosas, materia de la filosofía, y el nacimiento de la consciencia, ilustrado en el mito de la expulsión de nuestros primeros progenitores del Paraíso (El mundo inconsciente del reino animal). La diversidad de la personalidad de los seres humanos y de los pueblos, depende del énfasis que pongan en cada una de estas percepciones: la física o materialista; la emotiva o espiritual y la consciente o intelectual. Por esta razón, como esta información no pueden ser inculcadas por el instinto, sino libremente, asumidas en mayor medida por la influencia de los valores culturales y medioambientales locales, no solo no es posible imponer unos principios morales y éticos universales, sino que coartaría los principios básicos de la democracia. SOBRE EL BIEN Y EL MAL Si el respeto a los derechos democráticos impide decretar un valor universal, pero al mismo tiempo es necesaria alguna referencia moral que pueda ser asumida por todos sin anular nuestra libertad de conciencia, necesitamos buscarlo en otra cualidad. Ese valor universal es la “harmonía”. No se trata de ser más virtuosos, puesto que valorar las virtudes requiere seguir los dictámenes de una doctrina. Si el creador del universo ha dotado a los astros de unas leyes inmutables para que se muevan con harmonía, es lógico deducir que, a pesar de que nos movemos con libre albedrío y somos conscientes de nuestros actos, debe esperar de nosotros un comportamiento en harmonía con las necesidades del cuerpo, las del alma y las de la mente y, por supuesto, con la naturaleza que nos ha precedido. Pero desgraciadamente no ha sido así. Desde la mítica expulsión del Paraíso hasta nuestros días hemos creado culturas y civilizaciones desequilibradas, una detrás de otra. Aún hoy estamos creando una nueva cultura desequilibrada, que pone exagerado énfasis en lo material: las ciencias, el mercado, el consumo o la tecnología, y devalúa las emociones de la imaginación. La historia nos ha demostrado que estos grandes desequilibrios terminan por producir estados de gran violencia revolucionaria o irracional e incontrolada. TOLERANCIA O PERMISIVIDAD Los pueblos o países que se rigen por sistemas democráticos, no son tolerantes, sino “permisivos, porque las consecuencias de carecer de una referencia moral y universal nos llevan a permitir comportamientos intolerables, pero no podemos evitarlos por dos importantes razones: la primera porque los valores del bien y del mal social no se corresponden con los doctrinarios, en nuestro caso con los del cristianismo, sino con criterios de utilidad o peligrosidad social: está bien todo lo que acepte el mercado y no sea violento y visiblemente peligroso, y mal lo que rechace. Así, es un bien social el que una persona ponga su cuerpo en venta con los mismos criterios que cualquier otro objeto de consumo.; La segunda es porque, como ha probado en el referéndum sobre la, pertenencia de los británicos a la UE, que medio mundo piensa de una manera y el otro medio de la contraria. Nos hacemos la falsa ilusión de que la democracia, más todos los organismos internacionales creados tras la Segunda Guerra Mundial, han conseguido pacificar Europa y buena parte del mundo, pero lo que hemos hecho es “almacenar” toda la violencia social en misiles con cabezas nucleares, infinitamente más destructivos. Los comportamientos antisociales no se solucionan con represión, porque el resentimiento lo exacerba aún más (las cárceles son universidades del delito), sino por decisión personal y voluntaria de los antisociales y violentos. LA VERDAD Y LA ARMONIA Existe una necesaria relación entre la armonía y la verdad, sea cual sea el sustrato político, religioso o cultural. Toda forma de armonía tiende necesariamente a la paz y el entendimiento, puesto que la armonía es consustancial con la ausencia de desequilibrios que lleven a la confrontación y la violencia. Un cristiano que alcanza la armonía entre la satisfacción de sus deseos, la emotividad de la religión o de las artes y el entendimiento de las cosas por su forma de ser, es un estado similar al de un musulmá, aunque sus valores sean distintos. EL PREMIO Y EL C ASTIGO Si en algunos países desarrollados es debido en buena parte a la crecycrecmienti Estos dogmas fueron ilustrados en su origen para una eran población profundamente ingenua y emotiva, pero lo cierto es que sigue existiedo un cielo para los que hayan voon. qqq